The Beast.

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The Beast.

Mensaje por Adrian Goodrich el Mar Nov 29, 2011 6:06 pm



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Adrian Goodrich.


Sobrenombre No le agradan demasiado, pero permite que unos pocos le llamen Ian, puesto que "Adri" no le agrada demasiado.
Edad 25 años.
Lugar de origen Valence; Francia.
Estado civil Complicado.
Ocupación Empresario; Principal Administrador y Dueño de la Mayoría de las Acciones del “Castillo de Storybrooke”.
Preferencia Sexual Heterosexual.
Residencia Actual Storybrooke; Suiza.
Avatar Alex Pettyfer.
Raza Metamorfo.
Cuento al que pertenece La Bella y La Bestia.


Descripción Psicológica


¿Qué actitudes tiene un primogénito que ha crecido sin que se le negara nada? Bueno... Adrian está acostumbrado a obtener todo lo que desea, y se ve realmente frustrado cuando siente o piensa algo lejos de su alcance, pero podemos tomarle como una buena cualidad el hecho de que dicha frustración no se convierta luego en un berrinche, como pasaría con cualquier niño pequeño y malcriado, y por el contrario sepa transformarla en ambición, la cual le lleva a luchar con más ímpetu por aquello que desea; es incapaz de negarse a los retos, un poco por tener una naturaleza impulsiva, vehemente, y otro poco porque cree que le agregan un poco de sabor a su vida. Siempre se ha sentido capaz de atravesar cualquier dificultad que el destino le presente, pues tiene una gran confianza en su persona, la cual que muchas veces puede convertirle en un ser asquerosamente arrogante, aunque claro, su confianza es solo uno de tantos los factores que lo convierten en una persona arrogante.
No es un misterio para ninguno de los habitantes de Storybrooke el hecho de que Adrian Goodrich se sienta, crea y muestre más que los demás, o al menos que la gran mayoría de las personas; no sería exactamente errado decir que esto se debe a su adquisición económica, mucho menos atribuirlo a su crianza e infancia, después de todo, cada una de las cosas mencionadas lo ha convertido en lo que ahora es, aunque también actúan otros factores, como lo han sido las controversias de su vida, y la maldición por la cual ha sido condenado a vivir. Pero el punto aquí es que consta de una naturaleza y personalidad siempre altivas, pedantes, pero debe suponer un alivio que no debido a ello deje de ser un hombre caballeroso, no exactamente el más atento, ya que básicamente vive en su propio mundo de preocupaciones y restricciones, o al menos, mantiene su atención centrada en otras cuestiones aparte de ser o no atento con las personas... Afortunadamente no es demasiado gruñón, un poco, si, pero no en exceso y dentro de lo aceptablemente normal, lo cual compensa en cierta forma sus faltas de amabilidad para con los demás.

Adrian se considera a sí mismo incapaz de demostrar emociones, o más bien, se lo ha impedido por tanto tiempo, que actualmente le resulta incluso difícil no mostrarse frío ante los demás, es impasible -en el sentido de indiferencia- y poco impresionable, e incluso cuando verdaderamente siente... Digamos felicidad, amor... Su orgullo no le deja demostrarlo, y como mucho lograría dejar escapar alguna ligera sonrisa, pero nunca aceptaría ante nadie emociones de tal índole, no al menos con mucha facilidad. Es un hombre reservado, a quien no le agrada ir contando sobre su vida a todo el mundo, quien se guarda las penas y alegrías para sí mismo, y en raras ocasiones las comparte con sus allegados, quizás alguna vez con Georgiana, si llegase a encontrarse en un buen día, pero hablar de sentimientos con ella... O con cualquier persona, es simplemente demasiado pedir, lo considera imposible e inaceptable, y haría falta de muchísimo para conseguir que siquiera lo reconsidere un poco. ¡Ah! Pero eso sí, algo que es incapaz... O más bien, ni siquiera se molesta en disimular, son sus nada sutiles celos; y eso tampoco es lo peor, pues no solo puede ser extremada y molestamente celoso, sino que su posesividad a veces se le va de las manos, y la verdad es que ambas cosas se complementan... Pero no exactamente de buena manera. Siempre se encarga de dejar bien en claro que lo suyo es únicamente suyo, y no tolera de ninguna manera que "jueguen con sus juguetes", y ni hablar de la cólera que podría llegar a sentir si "rompieran" sus juguetes o pertenencias; meterse con lo que reclama suyo es buscar que saque las garras y te desfigure el rostro de un zarpazo, no le agrada demasiado la idea de compartir, aunque a veces se vea obligado a ello, pero únicamente cuando se trata de cuestiones de trabajo, en casos contrarios prefiere evitar tal acción.

Podemos decir entonces, que es también bastante egoísta. ¿Bastante? Bueno, más bien... Demasiado, aunque siendo sinceros, tan solo a veces, puesto que muy por lo general se logra controlar y moderar, para dar una apariencia menos detestable de su persona hacia los demás, siempre y cuando pueda sacar algo bueno con ello, de otra manera no vería para nada necesario tener que ocultar su verdadera personalidad a los demás. Le gusta, por mucho que a otros no les agrade, mostrarse tal cual como es, frío y distante, pero lo que no suele dejar ver es que se trata de un ser bastante... Interesado, si saca algo de ello, puede hasta convertirse en el mejor actor que nunca se pueda haber conocido, o de pronto ser el hombre más bondadoso, misericordioso y humilde de todo el mundo, o bueno, quizás solo de Storybrooke. Sabe jugar bien sus cartas, probablemente sea una de las razones por las que aun mantiene su status económico tan o más alto que al momento de heredar el negocio de sus padres, es un hombre de buena visión, y muchas veces se ha dicho por ahí que todo lo que toca lo convierte en oro... Siempre y cuando quiera, claro. Pero aun así, también dicen los rumores que tendría mucho más éxito si fuera capaz de depositar mayor confianza en los demás, y bastante de verdad tienen; Goodrich se considera y es incapaz de confiar plenamente en una persona, quizás sea un poco paranoico, obsesivo o histérico, pero tiene la firme creencia de que en algún momento, si se confía demasiado, le clavaran un puñal por la espalda. Prefiere no revivir malas experiencias del pasado, y antes que encerrarse en una burbuja, simplemente procura ir un poco más precavido por la vida, lo cual a sus ojos no se logra de otra forma que sin poner las manos en el fuego por nadie; quizás, tan solo quizás, depositaría un poco de su confianza en su hermano, Andrew, pero sus celos hacia él le pueden más que otra cosa, y decide no hacerlo.

Además debemos recalcar que Adrian puede llegar a ser extremada y peligrosamente impulsivo, "actuar, probablemente fregarla, y recién pensar". Éste es el hilo que sigue muchas veces su accionar, y si bien de vez en cuando se detiene a pensarse dos veces que resoluciones pueden tener sus actos, más de la mitad del tiempo no consigue hacerlo, y va más a lo bruto con las cosas. Le ayudaría bastante tener verdadera gente de confianza a su lado que le aconseje antes de hacer muchas cosas, pero tras lo dicho anteriormente, podemos irlo descartando. ¿Confiar en un habitante de Storybrooke? Mejor conseguir que su hermano le ayude a salir para explorar un reino ajeno donde seguramente habrá gente a la que deteste menos, y por ende, se pueda odiar menos a sí mismo al no sentirse tan miserablemente misantrópico.

... Pero... Bajo todo esto, bajo tanta frialdad, tanto resentimiento, celos... Tanto odio, y detrás de un corazón actualmente tan ennegrecido... Adrian tiene intenciones... Digamos que son "relativamente" buenas. Su corazón, muy, muuy en el fondo, aun continúa siendo quizás un poco bueno, y aunque no suele demostrarlo, a veces tiene actos de buena voluntad para con los demás, pero más bien los oculta, como si necesitara hacerlo en secreto.


Vestuario Actual y Descripción Física


Podemos definirle como un hombre de complexión delgada y atlética, bien entrenada, o al menos eso aparentan sus músculos bien marcados, aunque no excesivos {por fortuna...}. De tez clara, y por irónico que pudiera sonar considerando su forma de ser y su porte naturalmente arrogante, firme y frio, también es bastante "sensible"; se quema con facilidad -aunque no se broncea mucho-, y los cambios de temperaturas en el ambiente... O en su cuerpo mismo, se hacen fácilmente notables en su piel. Por otra parte, también es tersa, suave al tacto, incluso en donde las cicatrices adornan su cuerpo, que a decir verdad, es en buena parte de éste, y algunas resultan bastante intimidantes... Afortunadamente, sus ropas suelen taparlas, y hablando de marcas permanentes, su brazo y su pectoral derecho se encuentran tatuados {aunque tiene otros 5 tatuajes más, en diferentes partes del cuerpo, entre ellas: antebrazos, muñecas, pelvis.}, el primero con una frase que suele pensar y/o usar bastante "What goes around, comes around.", que significaría, en palabras simples, que todo aquello que das te regresará, y el tatuaje de su pectoral es el de una cruz celta. Además se ha de mencionar que es de espaldas y torso anchos, la primera algo más que el segundo; sus extremidades son largas, lo cual les da una apariencia de graciosa agilidad, pero a la vez los músculos de éstas les muestran fuertes y de movimientos brutos.

De altura exuberante, su nada indigno metro noventa muchas veces resulta una razón para temerle, al menos para quienes se sienten intimidados por tal altura... Y, convengamos que Adrian también se esmera bastante en provocar sensaciones de esa índole en las personas a su alrededor, aunque mayormente se conforme con un poco de respeto. Aunque a decir verdad, a veces se muestra un poco acomplejado por su altura, en aquellos pequeños momentos en que su persona parece no ser un alma corrompida, en los que no busca consciente o inconscientemente parecer un monstruo ni provocar temor... Ni nada por el estilo.
Pesará alrededor de 78 kilogramos, ocupados mayormente en músculo más que en grasa, y por ello su masa corporal rondaría el valor de 21 o 22.

Pasando al plano de su cara y rostro; tiene una mandíbula no demasiado grande, con quijadas de tamaño normal, aunque apariencia quizás más cuadrada de lo común. Su mentón es de forma cuadrangular, con un pequeño hoyuelo en el medio, a veces oculto por una poco común barba; de labios un poco carnosos, el inferior más ancho que el superior, encima de ellos se encuentran unos casi imperceptibles lunares, uno justo encima y el otro más bien a un costado; al curvarse en una sonrisa, a veces también se le forman hoyuelos en las mejillas. Por otro lado, porta en la cara una nariz a lo mejor un poco grande, no exactamente perfecta, pero tampoco desagradable, algo ancha; pómulos pequeños y poco resaltantes, y encima de estos sus orbes refulgen con un color azul-verdoso algo oscuro, aunque otras veces parecen más bien completamente negros como el ébano; son de mirada segura, aunque contienen poca expresión, pero en momentos dados, pueden expresar mucho más de lo que Ian haría con palabras. De cejas anchas, que suelen mantenerse en una expresión de ceño semi-fruncido, seria; pestañas cortas y de poca curvatura. Éstas, junto con sus cabellos, muestran tonalidades variantes, por partes más bien rubias, y por otras partes de color más castaño algo oscuro, sin embargo, cuando su cabello está mojado se puede observar castaño oscuro.

Sus ropas... Algo simple de describir y mencionar. No varían mucho de trajes, o a veces vestuarios más simples, pero igualmente formales y de apariencia arreglada; por lo general prefiere la ropa más bien holgada, pero tampoco le tiene repulsión a las prendas que marcan más su figura, aunque prefiere algo que le dé más movilidad, antes de sentirse aun más atrapado dentro de sus ropas. La verdad es, que de poder, iría semi-desnudo por la vida, pero a fortuna de muchos sabe que al mantener un perfil alto y "correcto", no sería para nada buena idea mostrarse tan... Exhibicionista.
Camisas de todas las formas y colores, pocas veces lleva corbata para no sentirse ahogado ante estas, sacos y/o chalecos, a veces chaquetas o camperas algo menos formales, pantalones siempre largos y mayormente de colores oscuros, los jeans no son su elección predilecta, pero con suerte se le ve con ellos una o dos veces al mes. Los colores que más utiliza son los blancos, negros y azules/celestes.


Historia


Cuando se nace en una familia en la que las riquezas abundan, no todo es exactamente color rosa y oro. El apellido Goodrich ha sido siempre vinculado con el poder y el dinero, en lo que a Adrian respecta, su familia ha seguido por varias generaciones el negocio de inversiones, a pesar de que cada hombre y mujer de su familia tuviera una profesión distinta, todos sabían bien cómo manejarse en el mundo de los negocios para conseguir incrementar su poder; en el caso de los padres de Adrian, no sería la excepción. Pero si sería debido a ello que su atención no estaría exactamente centrada en darles todo su amor a sus hijos, incluso, durante los primeros años de vida de su primogénito, éste fue totalmente descuidado por sus padres, quienes vivían sus vidas en el trabajo y pocas o nulas veces tenían tiempo para el hogar; los empleados de la casa se encargaban de criar a Adrian, y no fue sino hasta que éste, siendo aun un pequeño bebé de menos de un año, enfermó gravemente y logró con ello que por primera vez en sus meses de vida sus progenitores le prestaran verdadera atención. El bebé había nacido desde el principio con ciertas complicaciones respiratorias, por ser algo prematuro, y durante gran parte de su infancia su cuerpo fue más bien... Débil, ¿Difícil de creer, verdad? Pero si, Adrian fue un niño con varias complicaciones de registro médico durante toda su infancia, pero era una fortuna que después de la primera vez, sus padres se hubieran preocupado más por él... Y con ello no solo empezaran a darle mayor atención a nivel fraternal como a nivel medicinal, sino que también empezaron a malcriarle, puesto que no le negaban nada, y cada uno de sus caprichos se volvía realidad con el tiempo. Era un niño regalón, y desde chico aprendió a disfrutar de los lujos, del dinero, y con el tiempo... También de las mujeres, las fiestas y todo lo que ellas conllevan.

Aprendió a vivir una vida sin demasiados compromisos con nadie o con nada, aun cuando su hermano hubo nacido, no impidió que continuaran dándole con todos los gustos, total... Dinero no les faltaba como para dejar de hacerlo. Tenía todo lo que quería, y así mismo lo desperdiciaba, no valoraba para nada su vida o ninguno de los esfuerzos que su familia ponía para hacerla cada día mejor, para aguantar sus cada vez más caros caprichos, y encima también muchas veces el dinero le tuvo que sacar de problemas. Adrian nunca fue del tipo tranquilo, y no temía -como tampoco teme ahora- el enfrentarse a alguien con los puños si se le molestaba demasiado, y... Digamos que con algunas copas de más encima, su paciencia disminuía de manera inversamente proporcional al nivel de alcohol que se movía por su organismo; además también era bien conocido por valerse a costa de la infelicidad de otros, como si ello fuera su motor para continuar viviendo.
Y como para no subir más su ego y sus ansias de poder -acompañadas de la mala utilización de éste, claro-, cuando ya tenía sus cumplidos 23 años, y cargaba encima de sus hombros una bien construida carrera de abogacía -habiéndose recibido temprano de la secundaria para comenzar igualmente temprano en la universidad-, uno de sus abuelos le heredó una mansión -en manos de su familia desde tiempos inmemorables- ubicada en un lejano pueblo en... En el medio de la nada, en realidad, ¡Ah! Pero claro, el "mínimo" detalle no le fue mencionado al abogado, lo cual probablemente ayudó a que aceptara tal herencia, aunque es imaginable la sorpresa en sus ojos al descubrir que se había podido alejar de toda la civilización que conocía para ir a parar a un pueblo insignificante; al menos, como un detalle a su favor, la mansión estaba en perfecto estado y podría ponerle un precio bien alto para venderla.

Sin embargo, sus planes intentaron ser frustrados cuando los habitantes y empleados de la mansión le suplicaron de mil y un maneras que no vendiera la gran casona, ¿Pero que le importaba a él de cualquier forma ese castillo que en realidad nunca había conocido? Nunca hubiera sido tan fácil convencerle, las suplicas nunca habían sido algo que le ablandara, después de todo.. ¿Qué clase de abogado sería si así fuera? No uno bueno, a decir verdad, y tampoco defendería el honor de su apellido de esa manera, al menos según su forma de verlo. Así que por mucho lloriqueo de los empleados, cerraría el trato y vendería el lugar... O ese era el plan, claro, pero aquellas personas parecían ensimismadas en frustrarle los negocios, ya que prontamente se posó en su camino un nuevo obstáculo.
Antes de tener oportunidad de salir de aquel pueblucho, una mujer irrumpió en la tranquilidad de su heredara propiedad y fue acogida sin su permiso por los habitantes de ésta, lo cual consiguió despertar la cólera de su persona, y básicamente echar a patadas a la mujer de SU castillo, sin importarle en lo más mínimo que la tormenta estuviera a punto de desatarse sobre sus cabezas. La mujer de edad anciana le suplicó por hospedaje durante la lluvia, pero Adrian ya no soportaba las súplicas, ni las de ella ni las de nadie más, y se negó rotundamente, comentándole que con esa apariencia no le dejaría entrar por nada del mundo, a lo que la mujer contestó simplemente que pagaría por su maltrato y egoísmo. Adrian... Simplemente se rió, en toda su cara.

Pero, durante la noche le invadió la preocupación de que algo le ocurriera a esa mujer dentro de su terreno, así que accedió a las reiteradas peticiones de los empleados por salir a buscarla, y aunque por un momento pensó en mandar únicamente a los trabajadores del castillo, finalmente se decidió por darles su guía durante la búsqueda... Y fue entonces cuando un extraño animal le atacó, y a pesar de que prontamente le ayudaron y curaron dentro del castillo, resultó demasiado tarde. Fue embrujado, hechizado, maldecido... Como se le quisiera llamar, condenado a transformarse en una horrible bestia peluda y de mal ver durante las noches, y para hacerlo peor, pronto notó que estaba literalmente encerrado en el pueblo, pues aunque intentara salir a buscar ayuda médica en cualquier otro lugar, la maldición se lo impedía, y siempre volvía al mismo punto de partida. Se negó, además, a pedir ayuda de sus familiares, pues estaba seguro de que le creerían loco, completamente demente, e intentarían internarle en un hospital psiquiátrico de aquel pueblo.
Sin embargo, tuvo algo de "suerte", pues sus sirvientes se mostraron interesados en brindarles su ayuda, la cual no tendría razón para negar, y sacaría provecho de ella. Empezó a conocer el pueblo, a sus habitantes y a cada uno de sus rincones, exploró y estudió todo muy a fondo, para recién entonces empezar a hacer de las suyas, aunque con una personalidad notablemente más cambiada que antes, más reservada, pero no por ello menos altiva o pedante. Consiguió prontamente renombre, y empezó a movilizarse en los negocios del pueblo, invirtiendo y comprando establecimientos, pronto dejando de ejercer su profesión como abogado, y básicamente dejando atrás esa etapa de su vida, por mucho que las leyes fueran una de sus grandes pasiones.

Con el tiempo pudo instalarse mejor en aquel lugar, pero nunca fue capaz de aprender a amarlo como un hogar; extrañaba su vida anterior, sus fiestas, sus mujeres y su infinita diversión, a pesar del trabajo... Y ni hablar de extrañar las noches "normales", cuando no se convertía en un bicho extravagantemente extraño, había tenido que decirle Au Revoir a las noches de fiesta y desvelos gracias a ese "pequeño" inconveniente. Así fue como poco a poco fue generando rencor hacia aquel pueblo y cada uno de sus habitantes, en vez de hacer lo contrario, y las cosas no mejoraron exactamente cuándo, un día, un hombre intentó estafarle sin saber que sería lo suficientemente inteligente para descubrirle y, encima, tenía el suficiente poder como para quitarle absolutamente todo. Le enviaría a prisión sin tener que pensárselo dos veces, claro, pero antes de ello el hombre insistió en mandarle una carta a su hija para que le visitara y pudiera verle por última vez, y cansado de aquel tipo, Adrian terminó por aceptar, ocultando además el hecho de ver en ello una nueva posibilidad para obtener una adquisición quizás más valiosa que cualquier montón de dinero.
Cuando la hija de aquel hombre llegó a Storybrooke, inmediatamente el mayor de los Goodrich decidió que aquella mujer debería ser suya, y pronto arregló un trato con su padre en el que intercambiaría su libertad por su "pequeña", y éste hombre, sin la mínima pizca de integridad, aceptó el trato, de tal manera que la joven Georgiana pasaría a vivir bajo su techo, y por ende, cumplir con todas sus ordenes, peticiones y caprichos.

¿Un final feliz? Pff, por favor. Georgiana y Adrian resultaron ser cual perros y gatos, y cada mirada entre ellos dos parecía ser una asesina, como si al verse se imaginaran cortando o quebrándose el cuello el uno al otro; presenciar escenas de este tipo podía ser tan escalofriante como interesante. Pero con el tiempo las cosas se fueron asentando; Adrian divulgó por el pueblo que Georgiana era su prometida, de forma que nadie se le acercara ni se les ocurriera tocarla, principalmente porque la consideraba de su propiedad, y también porque debido a la convivencia se volvió inevitable que descubriera su "pequeño" secreto. Actualmente, su relación no es exactamente la mejor, pero no se puede decir que no sea interesante y curiosa... Quizás, en algún futuro... Lejano... Consigan llevarse lo suficientemente bien, quizás incluso consigan llegar a algo más...

¿Pero quién cree en esas relaciones de cuentos de hadas?.




Vida Anterior




Nombre Anterior Adam Beaurieux.
Edad 25 años.
Historia Vida Anterior
La tormenta azotaba al pueblo en una noche oscura y peligrosa, las personas se refugiaban en sus hogares, con sus familias, a la espera de que la lluvia no empeorara y ninguna situación desastrosa se presentara; algunas familias incluso ayudaban a los pobres desamparados que tenían la mala fortuna de vivir en las calles, de buena fe, y les permitían pasar la noche en su hogar... Sin embargo, no era éste el caso del príncipe del lugar. Adam Beaurieux era bien conocido por ser un hombre que disfrutaba con humillar a las demás personas, un joven que no aprovechaba su vida humana de la mejor manera, ni tampoco los lujos que se podía permitir al estar en la familia real, era un hombre vanidoso, con quien ningún habitante quería siquiera tratar. Pero aun a sabiendas de ello, aquella noche de tempestar, una anciana se acercó al castillo, pidiendo refugio por la lluvia, ofreciendo a cambio de una noche con un techo una hermosa rosa de carmines y tersos pétalos; "¿Pero qué clase de falta de respeto es esto?", fue el pensamiento del príncipe, quien sin tener que pensarlo dos veces gritó y sacó a la anciana de su hogar, negándose rotundamente a su petición, incluso ofendido ante ella.

Pero si solo hubiera sabido... Aah, ¡Tanto mal se hubiera ahorrado! Fue en aquel momento, en el que la mujer de apariencia demacrada se convirtió en una hermosa mujer, ¿Quién lo hubiera creído, tras esa apariencia anterior? Adam se mostró atónito, pero ni con su belleza le hubiera dejado pasar de cualquier manera... Y allí era donde cometía un grave error; esa mujer, que había resultado ser nada más ni nada menos que una bruja, se dirigió a él sin miedos ni tabúes, "Un príncipe tan guapo no puede ser tan egoísta", fueron sus palabras, que precedieron a un castigo por el mencionado egoísmo: El príncipe fue embrujado, junto con todo su castillo, sus sirvientes e incluso los mismos muebles. La única forma de romper el hechizo sería encontrar a una mujer que le amara tal cual él era, aun con su aspecto... O su horrible personalidad.
Adam, sin poder soportar que nadie le viera con su nuevo y bestial aspecto, decidió encerrarse el resto de su vida en el castillo, prefiriendo ello a que nadie le viera en su estado, y para empeorar la situación, nadie tenía el valor suficiente como para ir a visitarle. Sin embargo, un día un hombre entró al castillo sin ser invitado; su meta fue el jardín de rosas del príncipe, del cual arrancó una e intentó llevársela, pero no tuvo oportunidad de ello, puesto que aquel desinteresado accionar despertó la ira del príncipe Bestia, y éste encerró al hombre en el castillo, advirtiéndole que la sanción a sus acciones sería la misma muerte.

Pero no pasaron demasiados días antes de que una joven dama se acercara al castillo, y se proclamara como una de las hijas del hombre que ahí se encontraba aun encerrado, ¿Qué mejor oportunidad para volver a ser el mismo de antes?, Bestia aceptó dejar ir a su padre, con la condición de que la joven se quedara en el castillo, encerrada, como reemplazo del hombre. Bella, como resultó llamarse la mujer, aceptó... Pero ello no evitó que tan pronto como el castillo fuera para los dos, el odio aflorara entre ellos, junto con peleas y discusiones.
Bella, poco a poco, fue descubriendo ciertos secretos de la Bestia, la persona que debía de vivir detrás de aquella máscara de egoísmo y frialdad, ella que era una persona de bien le fue enseñando poco a poco a vivir de forma honrada, a ser alguien mejor... Y a la vez, ambos se fueron enamorando en el proceso. Adam confesó su amor a Bella, y ella le aceptó; el embrujo finalmente podría romperse, ante lo cual el castillo entero daba alaridos de felicidad.

Pero las cosas no resultaron tan fáciles como parecían ser. Adam podría ser un hombre de día, aunque una Bestia de noche, pero ello no resultó ser el peor de sus problemas, puesto que Bella le hubo aceptado aun así, demostrándole así su gran amor... No... El problema radicó en otra cuestión, cuando el hermano de Adam arribó en el castillo, Frédérick. Aquel era un hombre que había viajado por muchísimos reinos durante la mayor parte de su vida, tenía muchas historias que contar, y a desgracia de Adam, dichas historias empezaban a cautivar más y más a su prometida, y así mismo, los celos por su hermano empezaban a crecer sin que nada los pudiera detener. La situación iba de mal en peor, cada día le parecía ver a su hermano y a su prometida más enamorados... Hasta que en una noche se alcanzó el punto de no retorno; Bestia arrancó el corazón de su propio hermano, delante de los ojos de Bella, provocando que ésta se quitara la vida ante la idea de que su esposo fuera un asesino. Adam se encerraría una vez más en el castillo, donde un día moriría por la pena, sin ser capaz de romper nunca su maldición, y aun tras su muerte dejando el castillo encantado.
Datos extra • Los animales de casi cualquier tipo le molestan sobremanera, aunque debe admitir que el canto de los pájaros le resulta varias veces bastante tranquilizante, pero fuera de ellos, no es un gran amador de ningún animal.
Descripción De carácter fuerte, explosivo y completamente vehemente. Es un hombre incapaz de demostrar sentimientos u emociones, o al menos le cuesta demasiado, incluso aceptarlas puede llegar a ser un gran reto, puesto que es orgulloso y muchas veces en exceso, lo cual no es raro que le juegue en contra; sin embargo es un guerrero, que lucha por sus ideales y sus metas e ideas, en el fondo, muy en el fondo tiene un buen corazón, claro... Que se encuentra oculto bajo quien sabe cuántas capaz de frialdad y dureza. Ha tenido que aprender con el tiempo a volverse un ser sin emociones, o al menos mostrarse así, razón por la cual le cuesta bastante relacionarse con las personas, independientemente de con quien se trate, podríamos decir que "hacer nuevas amistades" es una situación en la que nunca se vería envuelto, o que resulta muy lejana aun.
Impulsivo y algo gruñón, además de extremadamente posesivo, tocar sus cosas significa querer terminar con miembros extirpados del cuerpo, y así mismo, hacerle enojar es una declaración de guerra... Una guerra difícil -aunque no imposible- de ganar; no teme dañar, a veces incluso demuestra no tener miedo alguno en asesinar. Está en su derecho de hacer alarde de una gran inteligencia, la cual le permite no tener que provocar daños únicamente físicos, sino también psicológicos y emocionales, pero siempre que no se le busque la boca, realmente no tiene porque intentar lastimar a nadie.
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Re: The Beast.

Mensaje por Adrian Goodrich el Lun Dic 05, 2011 2:02 am



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Re: The Beast.

Mensaje por Georgiana L. Wickham el Lun Dic 05, 2011 9:41 am

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