Andrew Cooper

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Andrew Cooper

Mensaje por Andrew J. Cooper el Vie Dic 16, 2011 5:12 pm



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Nombre Andrew Cooper


Sobrenombre Drew
Edad 28
Lugar de origen Inglaterra
Estado civil Soltero
Ocupación Empresario
Preferencia sexual Heterosexual
Residencia actual Storybrooke
Avatar Henry Cavill
Raza Humano
Cuento al que pertenece Robin Hood


Descripción psciológica


Tiene un carácter fuerte, decidido. No se anda con rodeos, le gusta ver cualquier mínimo detalle, alguien serio y muy formal. Todo un caballero, de esos, de los que ya no existen. No se deja dominar, siempre tiene el control de la situación, o al menos eso es lo que el trata. Orgulloso, hasta algo egolatra.

Inteligente, razonador, calculador, no hace las cosas por hacerlas si no antes la medita bien, es por eso que le ha ido muy bien en los negocios. Astuto, listo, sabe como hacer las cosas, y hasta como usar las cosas negativas a su favor, todo un estratega. Con un humor un poco ácido, pero al menos lo tiene. Es una persona culta, le gustan las artes. A veces suele molestarse por trivialidades, es inconstante en cuanto a su humor, y es difícil saber como amanecerá el día de hoy.



Vestuario Actual y Descripción Física


Es un hombre alto, bien formado y con un cuerpo trabajado resultado de muchas horas de gimnasio y una buena alimentación. Su porte es elegante, imponente, su cabello es oscuro y sus ojos son de un tono azul que contrasta con su piel color perla.

Su vestimenta en su mayoría suele ser formal, con trajes y corbatas, aunque de vez en cuando se le vera casual, casi siempre manejando colores oscuros, como el negro y el café. Todo un clásico.



Historia


Andrew nació en un invierno en Londres, Inglaterra, miembro de una familia adinerada y con negocios, su padre siempre estaba invirtiendo en la bolsa, creciendo cada vez mas y mas su fortuna. Lo que mas le gustaba a su padre era los negocios de consorcios hoteleros, y también colocar cadenas de restaurantes en diferentes partes del país, poco a poco comenzó a extenderse en Europa.

Andrew fue un chico diferente desde que nació, fue el único varón de su familia razón por la cual siempre tuvo que seguir los pasos de su padre, y desde infante aprendió a moverse en el mundo de los negocios. Desde pequeño sintió que el no era parte de ese mundo, que el era diferente, que no pertenecía ahí, era común escucharlo decir que el venia de otra parte, y que sus compañeros se burlaran de el por eso, y fue desde ahí que comenzó a crecer y a aprender a mejor callarse las cosas para si. Las cosas marchaban bien en su mundo, aunque no era exactamente lo que el pedía, pero era lo que había.

Fue hasta que cumplió los 21 años que decidió partir, dejar a su familia y vagar por el mundo, incursionando en el mismo mundo de los negocios que su padre le había inculcado, y poco a poco fue obteniendo éxito, colocando su dinero en cadenas hoteleras y también de restaurantes, invirtiendo dinero en diferentes consorcios turísticos en pequeños pueblos donde esto resultaba toda una atracción, fue así como llego hasta Stroybrooke, con la idea de invertir en atracciones turísticas, ya lleva 4 años viviendo en el pequeño pueblo, y por mas que ha querido salir, por alguna extraña razón ya no ha podido salir de ahí. Su vida a cambiado poco a poco, y es ahí donde conoce a Arianne, una bella joven, en una noche, en donde el acudió al teatro desde que la vio por primera vez quedo prendado de ella y no ha podido sacársela de la mente, y aunque ni el mismo sabe porque una "chiquilla", por que es lo es, le ha interesado tanto, va tras ella. Sin saber que, interferirá en su amistad con el también hace poco llegado Ian Loxsley, porque aunque el lo niegue, el también esta enamorado de Arianne.






Vida Anterior




Nombre Anterior Juan I de Inglaterra
Edad 25
Historia Vida Anterior
Juan sin Tierra, en muy poco tiempo, acabó con los importantes logros de su hermano. Sembró de nuevo la desconfianza y resurgió la discordia. Su crueldad y avaricia volvieron a abrir el abismo entre sajones y normandos.

Estaba convencido de que los normandos eran una clase superior y de que sólo a ellos les correspondía el poder.

La sed de venganza parecía el único móvil que empujaba a quien regentaba el destino de Inglaterra.

-No podemos seguir tolerando las continuas revueltas de los sajones -dijo Juan sin Tierra.

El barón que había manifestado públicamente su disconformidad con las palabras del príncipe era sir Percy Oswald, quien abandonó la sala inmediatamente.

Sir Percy Oswald no estaba de acuerdo con las ideas del príncipe Juan. Pensaba que lo peor para Inglaterra era volver a los tiempos de crueldad y enfrentamientos que, afortunadamente, habían sido ya superados.

Pero Juan sin Tierra no estaba dispuesto a aceptar ninguna opinión que no coincidiera con la suya. Y por ese motivo, sir Percy Oswald quedó automáticamente fuera de su círculo de confianza.

Durante uno de los frecuentes encuentros entre Edward Fitzwalter y Richard At Lea, los dos nobles se confesaron su preocupación por los rumores que corrían acerca del príncipe Juan.

-No parece que vaya a seguir los pasos de su hermano -dijo Richard At Lea a su amigo.

-El rey Ricardo fue demasiado bondadoso al confiar en su hermano -repuso Edward Fitzwalter-. De todas formas, el príncipe Juan no se atreverá a ir contra las medidas adoptadas por el rey.

-Ojalá que así sea, Edward. Pero se me ocurre una cosa. El príncipe no ignora que no simpatizamos con él. Quiero proponerte que, si a ti o a mí nos ocurriera algo, el otro iría a hacérselo saber al rey a Tierra Santa.

-De acuerdo, Richard.

No transcurrió mucho tiempo sin que se confirmaran los temores que se habían confesado los dos nobles sajones.

El príncipe Juan, apoyado por un grupo de incondicionales normandos, comenzó a romper las normas que había dictado su hermano.

Inglaterra parecía dirigirse hacia un trágico destino en el que sólo se oyera el lenguaje de las armas.



El príncipe Juan comenzaba a contar con un buen número de adeptos, muchos de ellos sajones. La mayoría de los caballeros reclutados lo había sido a cambio de dinero contante y sonante, o bien con la promesa de ser fuertemente recompensados con tierras y privilegios.

Éste era el caso de los hermanos Robert y Hugo de Reinault, Guy de Gisborne, Arthur de Hills y tantos otros. Todos ellos fueron capaces de traicionar a su legítimo rey, a su pueblo, a sus amigos y compañeros, incluso a sí mismos, exclusivamente por dinero y poder.



Había pasado mucho tiempo desde que Ricardo Corazón de León partiera a las Cruzadas. Inglaterra había cambiado mucho bajo la regencia del príncipe Juan y no se tenían noticias del rey.

Cuando todos pensaban que habría muerto en la lucha contra los infieles, se supo que el legítimo rey de Inglaterra estaba vivo, aunque prisionero del rey Enrique de Alemania.

Ricardo Corazón de León fue detenido por soldados de Leopoldo de Austria y posteriormente entregado al rey alemán. En el momento de su detención iba acompañado de su buen amigo el príncipe David de Huntington, futuro rey de Escocia, conocido como sir Kenneth.

Sir Kenneth intentó defender a su rey y cayó gravemente herido. Los soldados austríacos prendieron a Ricardo y abandonaron a su amigo, dándolo por muerto.

Sin embargo, sir Kenneth se salvó gracias a un campesino que lo encontró y lo llevó a su choza, donde se restableció por completo.

Consciente de la gravedad del asunto, sir Kenneth, nada más recuperarse, centró todos sus esfuerzos en conseguir la liberación del rey Ricardo. Por ello, se dirigió a Roma para interceder ante el Sumo Pontífice.

Allí se enteró de que Ricardo no estaba en Austria, sino en Alemania, y que el rey Enrique había pedido un fuerte rescate por su liberación.

En efecto, a la corte inglesa había llegado un mensaje del rey alemán en el que se daba cuenta del cautiverio de Ricardo Corazón de León y de la suma exigida para su puesta en libertad.

Juan sin Tierra, ante la reina madre y la esposa de su hermano, declaró que pondría todo su empeño en recaudar fondos, por medio de más impuestos, para salvar a Ricardo, ya que las arcas del reino no disponían de esa exorbitante cantidad.

-Yo venderé mis joyas, Juan -dijo la reina madre-, para restituir en su trono al legítimo rey de Inglaterra. En cuanto a la recaudación de impuestos, sólo te pido que no se haga recaer todo el esfuerzo sobre los humildes. Son los señores, normandos y sajones, los que más deben y pueden aportar

Toda Inglaterra condenó sin reservas la acción del rey alemán. En general, la gente del pueblo fue la que se sintió más afectada. Veía alejarse la posibilidad de que cambiara su situación con la vuelta del buen rey.

Comenzó por todo el país la recaudación de impuestos en favor de Ricardo Corazón de León. Era la gente humilde la que pagaba con mayor satisfacción. Sentía que colaboraba con una causa justa. Tenía la certeza de que su suerte cambiaría si se conseguía la liberación del rey.

Se logró recoger una suma respetable entre los impuestos y la venta de las joyas de la reina. Aun así, no se alcanzaba la cantidad exigida por el rey Enrique.

Juan sin Tierra, reunido con sus incondicionales, no tenía dudas sobre los pasos que se habían de dar.

-Se seguirán recaudando impuestos en favor de mi hermano, pero ese dinero jamás llegará al rey alemán. Ricardo no conseguirá nunca su libertad.

Pasó el tiempo y la gente empezó a cansarse de pagar tributos bajo el pretexto de liberar al rey. Había un hecho claro: el rey seguía cautivo. El príncipe Juan no daba explicaciones a nadie y existían serias dudas sobre sus verdaderas intenciones.

La reina madre comenzó a dudar de la labor que estaba realizando el príncipe para liberar al rey. Algunos rumores que habían llegado a sus oídos y su propia intuición le decían que Juan sin Tierra prestaría un flaco servicio al desdichado Ricardo.

Así pues, mandó a lady Edith que viajara a Escocia y esperara allí a su prometido David de Huntington, del que desconocían su paradero.

-Quizá desde Escocia tengáis que prestarnos ayuda si Juan llega a usurpar la corona a su hermano -dijo la reina madre-. Berengaria permanecerá conmigo a la espera de acontecimientos.

Mientras tanto, David de Huntington, sir Kenneth, consiguió que el Papa mediara ante el rey Enrique para que Ricardo Corazón de León fuese liberado.

El rey alemán recibió una dura reprimenda del Pontífice y no pudo negarse a obedecer El rey de Inglaterra quedó libre a pesar de que su propio hermano había intentado evitarlo.

A los pocos días, Ricardo y sir Kenneth se reunían emocionados en Roma.

Tras un efusivo abrazo, el rey pidió a su amigo que le contara todo lo que supiera de Inglaterra,

-Majestad, envié a un mensajero y tengo noticias recientes. La reina madre y vuestra esposa se encuentran bien. Vuestra prima Edith me espera en Escocia. . .

-Espléndido. Todo son buenas noticias -interrumpió Ricardo.

-Siento, señor, tener que daros otras no tan buenas. Nada, nada buenas -dijo sir Kenneth con tristeza-. Habréis de saber que vuestro hermano se ha repartido con sus hombres de confianza el dinero recaudado para vuestro rescate.

-Entonces, ¿he sido liberado sin haber satisfecho las condiciones que exigía el rey Enrique?

-En efecto, así es. Gracias a la intervención papal.

-Continuad, sir Kenneth, os lo ruego. Me interesa saber todo lo que ocurre en mi añorada Inglaterra.

-Majestad, en todo este tiempo que lleváis fuera, los abusos del príncipe y sus barones han hecho que proliferen de nuevo las revueltas. Incluso existe una banda de proscritos que ataca constantemente a los intereses de vuestro hermano. Se oculta en el bosque de Sherwood y el jefe es conocido como Robin Hood.

-¿Robin Hood? ¿No será Robin Fitzwalter? -preguntó el rey extrañado.

-Creo que es él, señor.

-¡El hijo del conde de Sherwood! ¡El amigo de Richard At Lea! ¡Dos caballeros de gran lealtad hacia mi persona! ¿Qué puede haber ocurrido para que Robin esté actuando fuera de la ley?

-La ley, señor, ha dejado de existir en Inglaterra. Lo único que importa es el interés personal del príncipe y sus hombres de confianza.

-Sir Kenneth, nadie debe saber que he sido liberado. Regresaré a Inglaterra de incógnito para conocer por mí mismo lo que está ocurriendo.

-Me parece una sabia decisión, majestad. Os acompañaré.

-Gracias, amigo. Pero vos iréis a Escocia y seréis coronado rey. Tal vez necesite de vuestra ayuda.



-No es así exactamente, Robin. Escúchame ahora con mucha atención. Yo soy el rey Ricardo Corazón de León.

Robin quedó estupefacto al oír aquellas palabras. Hincó sus rodillas en el suelo y emocionado besó la mano de su añorado rey.

-Ahora soy yo el que necesita vuestra ayuda, Robin. Convoca a tus hombres.

Robin salió de su choza y llamó a los suyos. Al momento, todos rodearon a Robin y su acompañante.

Robin tomó la palabra y, conteniendo su excitación, dijo:

-Amigos, hoy es un gran día. El día más feliz de todos los que llevamos aquí. Tenéis ante vosotros al gran rey Ricardo.

La multitud estalló en aplausos. Los vítores a Ricardo I de Plantagenet parecían no tener fin. Las lágrimas en los rostros manifestaban el hondo sentir de todos los presentes.

-He tenido la oportunidad de comprobar lo que todos habéis sacrificado por mí y os aseguro que, cuando recupere mi trono, dejaréis de ser proscritos y se os restituirá lo que hayáis perdido. Ahora tengo que pediros un último favor: que me acompañéis a Londres a recuperar lo que me pertenece. El rey de Escocia está en camino y se unirá a nosotros allí. Yo iré con vosotros.

-Será un gran honor acompañaros, majestad -dijo Robin.

Al día siguiente, Robin Hood y sus hombres, con el rey Ricardo a la cabeza, emprendieron la marcha hacia Londres.

El príncipe Juan había sido advertido de que las tropas escocesas se acercaban a la ciudad. Todo estaba dispuesto para repeler la ofensiva del rey escocés David de Huntington, sir Kenneth.

Cuando los dos ejércitos estaban a punto de enfrentarse en combate, Juan sin Tierra observó que su retaguardia se veía amenazada por un numeroso grupo de hombres armados.

-Señor, es la banda de Robin Hood -dijo uno de los vigías.

-Nos dividiremos. Atacaremos a la vez en los dos frentes. Somos suficientes para obtener la victoria -dijo el príncipe Juan.

El gran ejército de Juan sin Tierra se separó en el acto, dispuesto a librar la batalla. Pero, apenas unos minutos después, el príncipe Juan observó que de las filas de los soldados de Sherwood se adelantaba un caballero perfectamente armado.

-¡Detened el combate! -gritó el extraño caballero.

-¿Por qué tenemos que obedecer esa orden? -preguntó indignado Juan sin Tierra.

-Porque soy el rey Ricardo. Vuestro hermano.

En ese momento, en medio de un silencio sepulcral, Ricardo Corazón de León desmontó de su caballo y, despojándose del casco, dejó al descubierto su inconfundible rostro.

Todos lanzaron vivas al rey, unidos en un único clamor que se elevaba hasta el cielo.

-Perdonadme, hermano -dijo el príncipe Juan-. Cómo iba yo a sospechar que vos. . . Pensé que se trataba de otro ataque de Robin Hood... Que el rey de Escocia lo apoyaba...

-¡Cuántos errores habéis cometido, Juan! Os dejé un reino en paz. Confié en vos... Me legáis un país insatisfecho, enfrentado. Desde este instante quedáis desterrado.

A Ricardo Corazón de León se le humedecieron los ojos. Se sentía decepcionado, traicionado por su propio hermano. Nunca debió dejar el reino en sus manos.

Juan sin Tierra, acompañado de un reducido séquito, partió hacia sus posesiones en Bretaña. Pensaba que ya nunca volvería a Inglaterra, que en ese momento terminaba su papel en la monarquía inglesa.

El rey Ricardo abrazó y felicitó a Robin y sir Kenneth, ya rey de Escocia. Con ellos y junto a hombres sajones, normandos y escoceses desfiló triunfal por las calles de Londres. Poco después abrazaba a su querida esposa y a la reina madre.

Todo el país festejó la vuelta de su rey. Ricardo Corazón de León proclamó la igualdad entre normandos y sajones, y reintegró sus bienes a los desposeídos. Los barones normandos aprobaron estas medidas, cansados ya de tantos años de lucha.

Robin Hood fue nombrado conde de Nottingham y le fue restituido el título y la herencia legados por su padre.

Los miembros de la banda de Robin volvieron a las tareas que un día tuvieron que abandonar en pos de la justicia y de una existencia pacífica. Algo que habían logrado, después de tanto tiempo, gracias a la vuelta del buen rey.



El rey Ricardo nombró consejero de la corona a Robin Hood. Muy pronto necesitó oír sus opiniones sobre un grave asunto: una posible declaración de guerra a Francia. El rey francés no cesaba en sus instigaciones, y el buen rey inglés había presentado ya una protesta formal en la corte francesa. Si Felipe de Francia se disculpaba, el asunto quedaría olvidado. Si no era así, Ricardo Corazón de León, por dignidad personal y de su monarquía, no tendrá más remedio que luchar contra el país vecino.

Las gestiones diplomáticas ante el rey Felipe fracasaron y Ricardo I se vio en la obligación de declararle la guerra.

Robin quería acompañar a su rey en aquella campaña. Pero el rey no aceptó el ofrecimiento.

-Permaneceréis aquí, Robin. Mi esposa será la regente, y vos, su consejero más cercano. Necesito que me proporcionéis todos los hombres que podáis para nutrir mi ejército.

-Lo que ordenéis, majestad.

Pocos días después, Ricardo Corazón de León partía hacia Francia. Aquella guerra inspiraba a Robin muchos temores. Sentía miedo por la vida del rey de Inglaterra.

Las primeras noticias sobre la campaña fueron esperanzadoras. Se cosecharon grandes victorias. Las tropas inglesas estaban eufóricas. En Inglaterra, la alegría era desbordante.

Pero los avatares del destino hicieron que una flecha hiriera mortalmente al rey Ricardo en el asalto a una fortaleza. Los soldados ingleses retiraron el cuerpo de su rey del campo de batalla y emprendieron la retirada. La trágica noticia sumió en el más profundo dolor a todo el pueblo de Inglaterra.

Tras los funerales del rey Ricardo, se reunió el consejo de la corona. La línea dinástica tenía continuidad en el hermano del rey, en Juan sin Tierra, ya que Ricardo I no había tenido descendencia. A pesar de las pocas simpatías con las que contaba el príncipe Juan dentro del consejo, ninguno de sus miembros manifestó voluntad por cambiar el orden sucesorio. Así, Juan sin Tierra fue proclamado rey de Inglaterra.

La primera medida del nuevo rey fue cesar de forma fulminante a todos los miembros del consejo de la corona. Precisamente a aquellos hombres que, por lealtad a la monarquía, lo habían entronizado. Éstos fueron sustituidos por sus amigos más íntimos.

Apenas un mes después de su coronación, Juan sin Tierra abolía todos los privilegios y libertades decretados por su hermano. Deseaba un poder sin límites.

Esto provocó fuertes protestas. La mayoría de los nobles se rebeló contra las medidas del rey, quien sólo favorecía a sus adeptos más cercanos.

A causa de las revueltas y para que fuera acatada su autoridad, el nuevo rey decidió confiscar los feudos de la nobleza y publicar una larga lista de proscritos. Entre ellos se encontraba, por supuesto, el conde de Nottingham.
Datos extra
-Ansia el poder, y hara todo lo posible por conquistar tierras lejanas a su Inglaterra
-Odia con todo fervor a Robin y lo hara pagar
Descripción
Despota, engreido, el se cree un ser superior y que el poder debe estar en sus manos, no se controla y siempre va a querer mas. No sabe como manejar los asuntos del gobierno, pero eso es lo demos cuando el obtiene lo que quiere y se sale con la suya. Es un hombre cobarde, jamas reconocerá cuando es culpable de algo y eso no le importa.

Sarcástico, orgulloso, ironico, un estratega bien es cierto, astuto e inteligente, tal vez algo malvado y sin mucha piedad pero de que sirve tener piedad si cuando lo que importa en la vida es el poder? Al menos asi lo cree Juan.
Otra info.
-Jamas admitira la culpabilidad de nada

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He leido las reglas y hecho mis registros.

Andrew J. Cooper

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